camino al matadero (capitulo 0 __ parte 2)

En el principio fue el rumor, el rumor se hizo uno con la apreciación y las opiniones, se volvió un relato, este a su vez tomó forma y siendo junto a esta su transfiguración final, terminó siendo una leyenda urbana...
La calle se hace cada vez más desierta mientras se avanza al matadero, por lo menos eso pensaba el cuándo miraba hacia atrás y notaba que la ciudad desaparecía poco a poco, daba la impresión de que se entraba en otro mundo, un mundo vacío por lo demás, a su lado la ventana y fuera de ella una mezcla entre la naturaleza indomable y la nada, se podría decir que en aquel lugar solo la calle es el único signo claro de la existencia del hombre, todo aquello que divisó no era mas que una mezcla se desolación, belleza natural y tristeza, talvez la tristeza debía al hecho de que el día estaba nublado, factores como esos, que parecen ser tan simples pueden afectar todas las impresiones que tenemos sobre lo que nos rodea. Por un momento pasó por su mente una idea que de haber madurado un tiempo mas en su conciencia le hubiese causado una sensación similar al miedo, se vio a si mismo caminando solo por aquella senda , caminando solo en una noche de luna nueva, siendo observado por algo que seguramente estaría escondido entre los árboles y la total oscuridad de la noche, sin embargo, como ya lo dije anteriormente, no alcanzó a concebir la idea completamente, supongo que fue mejor así.
Alexis miller, el administrador del matadero, un hombre frió y duro por naturaleza, se podría decir que era la persona mas idónea para un cargo de esa índole, estaba en su oficina cuando el joven tímidamente tocó su puerta, miller lo hizo pasar como haría pasar incluso a su madre, con una voz fuerte y escalofriante,
Así era miller, un hombre duro.
-¿así que deseas trabajar aquí?- preguntó miller con una sonrisa macabra en sus labios.
-espera,¿ que te hace pensar que te daría el trabajo a ti? -interrumpió miller antes incluso de que el joven pudiese gesticular una silaba.
- dejaste la escuela ¿eh?...supongo que eso lo explica todo, te diré una cosa muchachito, el trabajo aquí es difícil, muy duro, no es entretenido andar matando cerdos por la vida chico, chillan mientras les rebanas el pescuezo, chillan mucho mas cuando el cuchillo que ocupas está desafilado. Muchas veces esos animales llegan a darte pena, sin embargo son solo eso, animales... –miller miró al chico esperando ver alguna expresión temor un sus ojos , sin embargo no vio ni el mas mínimo indicio de miedo en el, eso lo perturbó
-no tengo otro lugar donde trabajar, no tengo mayoría de edad y...-
-y se te hace difícil la vida o no muchacho, la edad no es problema aquí, casi nunca nos fiscalizan, este lugar no es mas que un agujero del demonio, nunca veras a inspectores acá, el solo hecho de llegar hasta este sitio les causa asco, se podría decir que no tienen los cojones como para observar si matamos correcta o incorrecta mente al maldito puerco, es lógico pensar eso, son de la ciudad ¿o no?-
miller tenia un rechazo asumido contra la gente de Santa Amelia, desde pequeño creció viendo como aquel pueblucho se transformaba poco a poco en una ciudad, el siendo un hombre de campo, no podía concebir los lujos de esa gente, detestaba a las personas que no hacían trabajos en los cuales se tuviese que usar la fuerza, el lo había hecho así toda la vida, pero mas que eso detestaba a esos hombres con buenos autos, lujosos, acompañados de sus esposas, viviendo una vida fácil, sin dolores, sin hernias, sin ver como la tormenta destruye de inmediato la cosecha y con ella el sustento de los próximos meses, “esos marikas están con sus lindas familias modelo en sus bellas casas” solía decir al referirse a ellos. Ese era su pensamiento. Por gracia de Dios tenia ahora un puesto “importante”en su trabajo, pero su dedo índice no volvería a su lugar por eso, seguía estando en el mismo matadero, en ese mismo agujero del diablo, perdido al final de una calle que no va a ningún sitio y eso lo encolerizaba.
-te diré lo que pienso de la gente de la ciudad, en especial de Santa Amelia, son todos unos malditos sabes, para ellos es muy fácil vivir y comer, solo pagan por su maldita ropa y su maldita comida, compran en el supermercado un pedazo de filete y se lo comen felices en su tibia casita estilo georgian ¿y luego que? Solo botan la puta mierda que se comieron antes, nunca han matado un vacuno, es muy fácil comer así, mira muchacho, en mi casa o comíamos carne unos días o tomábamos leche, ¿sabes por que? Porque solo teníamos una vaca, así que o la matábamos o succionábamos de sus malditas tetas la leche cada mañana.. mira chico, sé que todo esto no te incumbe, pero es bueno que veas la verdad, que sepas que hay un mundo difícil, sé que no eres un marika citadino como los demás de la ciudad, por eso te daré el trabajo, pero quiero que sepas algo, si llegas un maldito minuto tarde te pondré una patada en el culo tan grande que podrás cagar sin ningún esfuerzo toda tu maldita vida, ya sabes muchacho, mañana a las ocho de la mañana aquí, por lo de la edad no te preocupes, eres grande y corpulento, solo déjate crecer la barba y parecerás un leñador de esos de las películas, tu sabes, de esos que andan con gorro de lana, camisa a cuadros y una linda hacha “Otis” en el hombro- miller miraba al muchacho con algo de respeto, en su vida había visto a muchos hombres duros y sabia como reconocerlos, el chico no se quedaba atrás, a sus dieciséis años ya parecía un mastodonte, un Goliat de los tiempos modernos...
- hey gorila ¿no te molesta que diga gorila cierto?, antes de que te vayas podrías decirme tu nombre ¿no crees?- dijo miller sonriendo, esta vez de forma mas sincera, a el le gustaba la gente que lo escuchaba sin opinar nada y mucho mas cuando daba rienda suelta a toda su coprolalia, en pocas palabras el chico ( en cuanto a edad, porque en realidad aquel muchacho era una bestia enorme) le había caído bien y eso era un buen comienzo en el matadero.
- Franco del Villar, señor, así me llamo- dijo el joven con voz tímida, aun era un niño a pesar de sus dieciséis años.
-muy bien franco, te espero mañana a las ocho en punto, créeme cuando te digo que lo mejor que puedes hacer es llegar a tiempo, ahora puedes retirarte... una cosa mas muchacho, buena suerte y cuidado con el camino de vuelta a casa- en ese momento Alexis Miller le ofreció la mano, no se la ofrecía a todo el mundo, se podría decir que en su extraña forma de ser, miller le estaba demostrando su respeto a pesar de ser un solo un joven algo atolondrado. Franco miró la mano un instante y luego se la estrechó con fuerza, en ese momento sintió la ausencia del dedo índice en la mano de Alexis, Miller por su parte sintió la presión que se cernía en su mano derecha, mas no demostró ningún indicio de dolor, luego de esto Franco se retiró del lugar. Una vez solo en su oficina, Alexis “el duro” Miller se frotó suavemente la mano y dijo para si mismo, -maldito chiquillo estúpido, casi me arranca la mano el muy imbecil -. Dichas estas palabras prosiguió con su trabajo en aquella pequeña oficina.
III
El camino a casa no fue muy distinto a la ida al matadero, un vía desierta y unos cuantos mas sentados en el único bus que llegaba hasta haya, sin duda era tal como Miller lo había dicho, todo aquel lugar no era mas que un agujero del demonio. Un rayo de luz solar logró atravesar la gruesa capa de nubes que cubría impetuosamente el cielo, la imagen que se generó gracias a ese singular evento era digna de una postal, la belleza natural era sobrecogedora, y Franco se sintió en parte afortunado de ver algo tan majestuoso como eso, en la ciudad casi no se ven esas cosas, o será talvez que la gente que habita las urbes ya no se emociona al ver un rayo de luz cayendo desde el cielo, sea lo que fuere, Franco había olvidado la ultima vez que había sido testigo de algo tan celestial. Aquel camino era mágico, sobrenatural y espeluznante incluso a la luz del día, era un choque visual que lograba si no sorprender, atormentar a cualquier espectador, como si la vida de todo lo que estaba alrededor del camino chocara bruscamente con la muerte que residía cómoda en el matadero. La visión por fin acabó, el bus estaba entrando a la ciudad, estaba cambiando de plano, introduciéndose en otro mundo.
Franco miró panorámica total que ofrecía el conjunto de su casa y comprendió perfectamente las palabras de Miller, asumió que la vida es una irónica mezcla de injusticias y decepciones, se dio cuanta que el odio que emanó de su boca durante la entrevista no fue dirigido a la ciudad y sus habitantes, sino a su miserable vida y a la injusticia de la cual era victima todos los días. Franco lo sabia, su vida también era miserable, aquel matadero solo atraía a seres así, personas que no tuvieran mas opción que dirigirse por una calle la cual solo llevaba a un lugar, a un lugar sombrío y espeluznante que se dibujaba impasible a lo lejos, arriba de un pequeño cerro al sur de Santa Amelia, muy cercano para que un joven desdichado llegase a buscar trabajo y fuese entrevistado por un sujeto que solo tenia para el un montón de palabrotas y una mano con cuatro dedos. Muy lejano como para que no se lograsen escuchar los gritos ahogados por el filo de alguna cuchilla, sin duda alguna el matadero estaba en la ubicación exacta, todo desgraciado podía llegar hay y a la vez todo afortunado podía mirarlo como algo distante, una edificación sobre un cerro a las afueras de la ciudad y si era su deseo solo corría su vista de aquel lugar y estaba listo, el matadero se perdía en el olvido para no ser tomado en cuanta. Así es la vida del bienaventurado, solo se desentiende del asunto, mal que mal no es su problema...
Ernesto Del Villar, padre de Franco, estaba sentando en el mugroso sofá de la sala, su mirada vidriosa delataba su estado de ebriedad, intento gesticular unas palabras, mas le fue imposible. Franco observaba la situación y sentía repugnancia, aquel asqueroso hombre era su padre, gracias a sus vicios tuvo que abandonar la escuela y buscar trabajo, Ernesto se incorporó y al fin logró hablar con dificultad
-¿dddonde estabas muchacho?, llego a esta ccasa y descubro que no hay ningunn plato de ccomida para mi, la puta de tu madrre va a revolcarse con esse maldito de su jefe y desscuidda a su marido la muyy perra- decía esto mientras se tambaleaba al punto de caer de nuevo sobre el sofá, Franco miró con odio a aquel hombre al cual temió desde su infancia, observó su brazo, tras la camisa se ocultaba una horrible quemadura, quemadura que el mismo hombre, en el mismo estado le hizo cuando era el un niño pequeño, toda su vida había visto a ese repugnante adicto, un ebrio perpetuo, un parásito que succionaba todo lo que existía a su alrededor, sintió por primera vez en su vida que el mal estallaría, estrangularía hay mismo a ese hombre, lo mataría como castigo por todo su egoísmo, por todas las palizas que recibió cuando era solo un niño, por todas las veces en que vio a su madre sola en la cama llorando, con las manos y la cara llena de moretones, producto de los golpes propinados por Ernesto, sin duda aquel borracho se sentía muy hombre después de casi matar a su mujer, sin embargo contuvo su cólera, sabia que matar a ese sujeto solo empeoraría la situación, sin embargo no tenia porque contener su lengua- ¿acaso tienes las manos cortadas maldito ebrio?, ¿no puedes prepararte tu mismo tu puta comida?-, en su mirada se denotaba todo el enfado y la tremenda repulsión que Franco sentía por su padre.
-¿cuando te hiciste hombre maldito hijo de tu puta madre?- respondió Ernesto, de un momento a otro todo su estado etílico desapreció, todo ebrio sufre del mismo síndrome cuando se siente amenazado. Por un momento pensó en golpearlo como cuando era solo un chiquillo, sin embargo aquel retoño que maltrató con tanto ímpetu había crecido y era fornido, no seria buena idea intentar golpear a Franco en esos momentos, de hecho no seria buena idea intentar golpear a Franco nunca mas en lo que le restaba de vida.
El joven se acercó a su padre, tomó su cara con una de sus enormes manos y la mantuvo fuertemente apretada, mirándolo fijamente a los ojos – si yo fuera Dios, hace mucho que estarías sepultado sobre un montón de basura en el vertedero de la ciudad, las ratas y las moscas devorarían tu mugroso cuerpo con mucho gusto, maldito alcohólico repugnante, ¿por que en vez de estar lloriqueado en el bar no te lanzas desde el puente del río “Lacriots” y por una vez en tu vida nos haces un favor a mi madre y a mi?- Ernesto por primera vez en su vida sintió respeto y miedo hacia su hijo, sin duda el niño había crecido para transformarse en un hombre, un hombre que no olvidaría nunca su pasado, un hombre que crecería con el estigma en su brazo izquierdo, una cicatriz causada por su padre, la cual le recordaría día a día aquel sufrimiento, la miraría mientras se duchara , cuando se arremangase la camisa , cuando se estirara en las mañanas y sintiera dolor en la piel quemada, todos los días de su vida tendría presente que el único regalo que tuvo de su padre fue la marca que lleva en su brazo izquierdo, una marca que ahora pedía venganza.
Ernesto temía a la muerte ya que en su fuero interno siempre pensó que al momento morir, Satanás estaría calentando una caldera especialmente para él en el infierno, el demonio no podría parar de retorcerse de la risa mientras Ernesto gimiera de dolor y rogara piedad entre las llamas...Aquella vez sintió que la caldera estaba mas cerca que nunca de su trasero, eso lo hizo soltar un débil alarido de pánico mientras Franco aun lo sujetaba de la quijada. El joven no pudo contener su sonrisa, su padre estaba aterrado y el era causante de ese terror.
La escena de por si era una tragedia griega, un joven a punto de acabar con la vida de su padre, todo este suceso ocurriendo en un lugar sumido en la mas triste miseria, un living deteriorado a tal punto que se vería mejor esparcido en un basurero, en la esquina una planta de interior ya marchita por las orinas de un gato viejo, enflaquecido y roñoso que observaba todo desde un sillón apostado a en extremo de la sala, las piezas de esta casa estaban en la misma condición, camas viejas, con sabanas sucias y llenas de parásitos, un baño asqueroso, con un inodoro del cual emanaba constante mente agua filtrada por la cañería que lo conectaba con el alcantarillado, un jardín muerto, la única planta que crecía prospera en ese pedazo de tierra era una maleza rebelde y corrosiva . Sin duda era una panorámica triste, un lugar que Franco detestaba, de no ser por su madre el ya hubiese abandonado ese nido de ratas, un lugar en el cual recibió tanto castigo y vio a hombres borrachos que acompañaban a su padre para comer algo para luego ausentarse una o dos semanas , lo mas triste de todo es que aquella pocilga era su hogar, el lugar mas cálido al que puede llegar una persona.
-Quiero que te marches de esta casa ahora mismo pedazo de mierda inservible- Franco fue tan categórico en sus palabras que persuadieron de inmediato a Ernesto, tendría que irse de la casa en el acto,- ¿dejarás que esta casa se quede sin un hombre?- dijo Ernesto como ultimo recurso, un recurso por lo demás bastante absurdo.-Esta casa nunca ha tenido a un hombre, si a eso te refieres, solo a tenido a una mujer que se ha roto los riñones trabajando, a un joven que hasta hace una semana asistía a clases y a un borracho que se robaba el sustento y se pasaba la vida en una asquerosa cantina- Ernesto sintió nauseas, seguro vomitaría en cualquier instante todo lo que había bebido las ultimas horas, sin embargo antes de que eso pasara, Franco lo tomó como si fuese un animal y lo echó fuera de la casa, acompañado por una patada en el recto muy similar a la que Miller le pondría mañana si llegaba tarde al trabajo. Lo mas seguro era que Ernesto no tendría problemas para cagar en mucho tiempo... –Desde hoy ya no vives en esta casa alcohólico inmundo, mañana habrá un hombre de verdad aquí- Ernesto lo miró y una sonrisa burlona apareció entre sus mejillas.-y quien es ese hombre ¿eh?, no me hagas reír pendejo imbecil, o ¿me vas a decir que tu mantendrás esta casa?, por favor...por otro lado esta es mi casa, yo entro a ella cuando quiero, simplemente esperaré a que no estés y me llevaré todo lo que hay dentro- Franco lo miró con una rabia que se escapaba de sus ojos, se acercó rápidamente a Ernesto quien estaba en el suelo algo mareado y le propinó un puntapié en la boca del estomago, Ernesto apenas pudo gritar del dolor, el vomito salió disparado de entre sus labios y Franco estaba hay delante de el, disfrutando con su dolor. Una señora asomó la cabeza por entre las ventanas, aquel hecho seria el chisme de la semana y ella no se lo perdería por nada de mundo. Es de suponer que en Santa Amelia como en todo lugar en la faz de la tierra hay gente así, con demasiado tiempo libre y una lengua a prueba de cordura.
-Te diré una cosa ebrio hijo de puta, encontré trabajo hoy, algo que tu no has hecho hace mas de veinte años y te lo advierto, si te vuelves a acercar a esta casa lo único que obtendrás serán quince perdigones en la frente- Franco se dio vuelta y dio por terminada la discusión, cerró la puerta y se dedicó a limpiar la mugre que su padre había traído consigo, Ernesto se levantó del piso y se fue de aquel lugar sujetándose el estomago con ambas manos, había salido con vida de la casa, la suerte le había sonreído esta vez, sin embargo la próxima ocasión en que se viera con su hijo las cosas serian distintas.
IV
Aquella mañana fue mas fría que de costumbre, la niebla se expandía como una suave cortina por todos los alrededores de la ciudad. Uno podía esperar que siendo otoño ocurrieran fenómenos de esta índole, sin embargo aquella manta de gases y agua parecía en si misma tan sobrenatural como aquel camino que conectaba a Santa Amelia con el infierno edificado sobre el cerro “Los celadores”, ubicado frente a la ciudad.
La gente mayor de Santa Amelia le temía al “Halito del diablo”, nombre con el cual se bautizó a la neblina que bajaba sin previo aviso desde las montañas, aun en estos días circulaban historias sobre las desventuras de aquellos que se topaban con la niebla en algún lugar apartado, historias como la de John Sweet Kennedy, un inmigrante ingles que llegó hasta esas tierras hacia mas de dos siglos atrás y del cual nunca mas se supo luego de que desapareciera en la oscuridad de aquella espesa bruma , la gente no olvidaba esas cosas y fuese lo que fuese la desgracia que cayó sobre aquel Ingles, la leyenda del Halito del diablo hizo que su nombre pasara a la historia. La población rural de la región esconde sus ganados y se encierra en sus hogares hasta que todo el banco de nubes se disipe y abandone aquel lugar, cuanta la historia que cualquiera quedara en medio del halito del diablo desaparecería de la faz de la tierra, hay quienes dicen que el mismo demonio sube desde los infiernos y se esconde en la misma niebla, solo para apoderarse de aquellos incrédulos o ingenuos que se topasen con el en la penumbra. Sin duda alguna aquella súbita neblina provenía de las montañas...
A pesar de todo aquello, Franco debía presentarse ese mismo día en el matadero, su madre lo miraba y no podía contener su tristeza, ella siempre quiso que si hijo llegara a ser alguien con educación, que lograra salir de toda esa penuria económica y humana, sin embargo el destino estaba causando estragos en sus planes, algo, quizás su intuición femenina le decía que una vez que Franco pasara el umbral del matadero, saldría de el siendo ya un hombre. Ella era una mujer golpeada por la vida, ignorante y con un aura de tristeza que fluía desde su corazón y escapaba por su mirada, Alicia era su nombre y Franco era todo lo que ella tenia en la vida, quizás por eso se resistía a perder a su joven hijo en la niebla, el halito del diablo haría desaparecer a su niño y le devolvería a un adulto, un hombre que no podría volver atrás después de ese día, eso la atormentaba terriblemente y le hacia reflexionar sobre la responsabilidad que ella como madre tenia en toda esta situación.
-Hijo por favor, no vayas hoy al matadero, quédate con tu madre en casa, juntos podremos preparar algo para comer, cenar y pasar este día- Alicia sentía que el corazón le saldría por la boca, supo desde el mismo momento en que Franco le mencionó la noticia de su contrato en el matadero que aquello no traería nada bueno para el, sin embargo ya no se podía hacer nada, su ultimo recurso era apelar a su rol de madre, eso de poco le serviría en aquella situación.
Franco cerró la puerta de su casa y partió hacia la parada de buses, todo esto sin antes decirle a su madre que tenia que hacerlo, que había que salir de todas las deudas que estaban ahogando el hogar, que era su deber como parte de la familia y que sin duda pronto volvería a casa nuevamente, Alicia vio a su hijo desde la ventana, unas lagrimas corrieron amargamente por sus mejillas, sin duda alguna Alicia era una mujer fuerte, los repetidos embates de dolor en su vida la terminaron transformando en una mujer a la cual desde un tiempo a ese día le costaba llorar, la ultima vez que soltó sollozos de su garganta fue cuando su marido golpeó por ultima vez a Franco, era un niño de doce años en aquel entonces y Ernesto supo aprovechar eso con maestría, en un evidente estado de ebriedad, el cual ya estaba en aquel extremo en que un hombre pasa a transformarse un una bestia bípeda y vociferante, una especie de depredador prehistórico mucho mas pequeño, pero casi igual de peligroso, soltó su cinturón a despertó al niño con un golpe seco en le espalda, Franco dio el grito mas fuerte de su vida al recibir el azote que su padre le dio sin ninguna razón, luego de eso de lo golpeo con el cinturón tres veces mas, en la cara, pecho y piernas, su madre saltó a protegerle cubriéndole entre los brazos y también recibió un castigo, la hebilla del cinturón quedó marcada en su espalda durante semanas, habiendo terminado el daño, Ernesto se fue tambaleante hasta la cama, Alicia lloró esa noche, lloró de impotencia y de odio, lloró porque no podía concebir en su mente aquella salvaje muestra de maldad, su carne le ardía con una intensidad propia de las brasas al rojo, mas el dolor que ella sentía no era nada en comparación a lo que Franco experimentó aquella noche, ese era el motivo de su llanto, su hijo sufría y ella también sufría por el, por su destino y la miserable vida que ambos tenían junto a ese alcohólico, si, esa noche Alicia lloró, pero se prometió a si misma no llorar mas, no dejaría nunca mas que ni una lágrima saliera de sus ojos, no le daría nunca mas ese placer a la vida que la destruía todos los días, no le daría ese placer a su marido que parecía gozar cada vez que el sufrimiento estallaba en sus ojos , ni a nadie, nunca mas volvería a llorar, nadie en lo que le quedaba de existencia la vería derrumbarse una vez mas. Esa mañana Alicia volvió a llorar, el halito del diablo se tragó a su hijo frente a sus ojos, su niño desaparecería, horas mas tarde volvería y seguramente otro semblante trazaría su frente, toda su infancia, su juventud libre de responsabilidad y tensiones estaban a punto de desaparecer y perderse en su memoria, Franco dejaría su niñez para enfrentar a su inicuo destino, hombre, adulto, responsable, maduro y sin la posibilidad de enmendar su camino, la calígine se hizo mas densa y Franco se perdió en su espesura, en la infinidad, en la terrible oscuridad que aquel camino ofrecía al viajero desafortunado...
V
La senda se habría a través de la espesa bruma, ni con las luces altas se podía llegar a divisar lo que había tras el parabrisas, esto fue lo que pasó por la mente del chofer del bus que transportaba a Franco hacia su trabajo, de seguro Satán se comió un gran plato de legumbres para cenar el día de ayer, lo pero lo peor es que el muy cerdo pidió repetición y no se le ocurrió hacer algo mejor que dirigir todas sus flatulencias a esta ciudad, pensó aquel tipo, el infierno debe estar de extremo a extremo pasado a mierda. Aquella idea hizo reír al conductor de bus, de verdad era divertido pensar en Satán con indigestión, menuda plasta demoníaca que saldrá de su blasfemo culo, mientras mas pensaba en la pecadora diarrea del demonio mas chistosa le parecía toda aquella estupidez. A otro lado del bus estaba Franco, para el la vida no era tan graciosa, lo mas seguro es que ninguna broma lo animara en ese momento, hay estaba de nuevo, en el camino que va directo al cerro “ los celadores” en frente de la ciudad, un lugar en donde el Hálito del diablo estaba cada día, presente e inmóvil, un frío edificio hundido en ese hoyo sin fondo, ese agujero del demonio. El matadero estaba justo en el lugar preciso, en el culo de lucifer, tal y como Miller se lo dijo en la entrevista, donde la niebla es mas fría, mas densa y sobre todo mas súbita, supongo que ningún ser humano está preparado para recibir los gases de Belcebú en la cara, pero Franco debería acostumbrarse al olor de la muerte y el sabor de la miseria, aprendería a comerse toda la mierda del demonio y aun así saldría adelante. Aquel camino te hace pensar estupideces, era preferible tener la mente ocupada en cualquier tontería antes de mirar por la ventana y ver que la senda que lleva al matadero está cubierta por el Halito del diablo, dirigir la mirada hacia fuera solo para darse cuenta que estás solo en un bus que te lleva a tu condena .Afuera están todos los demonios esperando recibir tus entrañas y pelearse a muerte por darles un mordisco, todos los fantasmas, toda la sombra y la pobreza que el mundo le ofrecía. Aquel camino ya era tenebroso con incluso toda la luz del día, con el Halito del diablo encima la senda se volvía la antesala del mismo infierno, talvez para esta situación ese precepto no esté tan errado ni sea tan metafórico como parece, ese bus no iba a ningún otro lugar que el mismísimo infierno.
Toda aquella mañana fue mas normal de lo que Franco esperaba, trabajó desde las ocho de la mañana hasta ese momento en un deposito, llevando cajas de un lado hacia el otro, en parte no le podías pedir mas a un joven de la edad de Franco, eso pensaba Miller, desde ayer le pasaba por la cabeza una sensación de ansiedad que no lo dejó tranquilo en toda la noche, el Halito del diablo bajó desde las montañas, eso no podía ser en buen presagio, talvez no fue buena idea contratar al muchacho. En su oficina, abstraído en estas ideas que lo desconcertaban, Miller era un hombres duro, no hay duda alguna de ello. Sin embargo seguía siendo un ser humano, en su mente era mas vulnerable y precisamente en ese lugar donde sus miedos se hicieron mas patentes. – Está en la bodega, supongo que se encuentra seguro en ese lugar, a pesar de que es un mastodonte, aun sigue siendo un menor, sin embargo Pérez presentó licencia ayer, el viejo chispas necesita a un ayudante, supongo que no queda otro remedio-, la faena tradicional correspondía los miércoles, el sabia que se necesitaban dos personas para ese trabajo, chispas era un de ellos, el otro seria Franco...
La soledad de la bodega del matadero “Los celadores” se deslizaba como un puñal que entraba por la espalda del joven, Franco Del Villar asumió esa soledad en aquel frigorífico, la bruma provocada por la escarcha que se esparcía por todo el recinto dejaba notar que ni siquiera en ese espacio cerrado podría escapar a su destino, algo que tristemente notaria en el final de sus días, la calígine fría y silenciosa y mortal lo acompañaría hasta la tumba, el halito del diablo seria su confidente y a la vez le brindaría de forma natural todo el apoyo que su turbada mente en el futuro necesitara, esa bruma seria para Franco lo mas parecido a un amigo que en su vida tendría.
Era la hora de la faena tradicional, Hernán Pérez, el bodeguero, encargado del frigorífico, presentó licencia medica hacía ya cuatro días, cosa extraña en el, durante los once años que llevaba trabajando en “Los celadores” nunca había presentado una licencia médica, a Miller no le agradó eso, sin embargo el no podía hacer nada para evitar que la gripe de Pérez cesara, justo en ese momento apareció Franco, Alexis sin duda pesó que era un hombre afortunado. Miller llamó al joven para que se dirigiera hasta el lugar de la faena, cinco cerdos estaban listos para ser trabajados, chispas( el viejo debía su sobrenombre a un terrible incidente ocurrido hace siete años, el era un conocido electricista de Santa Amelia, la gente lo contrataba por dos razones, la primera razón era que en verdad siempre había sido un buen electricista y la segunda era que sus precios siempre eran baratos, esta combinación hacia de chispas una buena inversión para el hogar, o eso pensaba la gente hasta que un día la señora bach encendió la ampolleta de si dormitorio, esa acción le costó la vida y la chispas su licencia de electricista, desde ese acontecimiento trabaja en el matadero, a veces cuando hay problemas con algún cable, Miller le pide que arregle el asunto, eso es lo mas cercano a su anterior trabaja que el viejo chispas ha visto desde que la señora bach se mató por meter los dedos en el enchufe) , quien dirigiría el proceso y Franco lo ayudaría en esa labor... hizo todo tal cual como el viejo chispas se lo indicó, su getó al animal y siguió el consejo que le ofrecieron – aparte la vista muchacho, aun eres muy joven para ver la muerte de forma tan cercana- y así fue, mientras chispas degollaba a animal, franco prefrió correr la vista a otro extremo, sin embargo no pudo tapar sus oídos y tampoco intuir que un hilo de sangre saldría disparado desde el cuellos del animal sacrificado y pasaría justamente por el campo de visión de el, eso fue todo, el demonio había terminado de plantar la semilla en su inconsciente, locura es su nombre, de la frustración se alimenta y fruto de el es el sufrimiento, en los ojos de los inocentes veras sus obras y Santa Amelia tendrá en la niebla su jornada de horror.
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